Regresa al teatro de la mano de Moliére y dirigida por Hernàn Gené

Nathalie Seseña: una mujer difícil de engañar

Gema Fernández|
Actualizado el Martes 18/10/2011
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Se formó con Philippe Gaulier, uno de los grandes maestros del clown, por cuyas manos han pasado actores tan conocidos como Emma Thompson o Sacha Baron Cohen (Borat). Y en Tartufo, Nathalie Seseña se pone a las órdenes de otro gran pedagogo de este arte, Hernàn Gené, para mostrar una vez más su versatilidad y esa fantástica bis cómica que la caracteriza.

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Seseña en su papel de Dorina.Javier Naval

El regreso

Llevabas tiempo apartada de los escenarios, ¿qué tiene este Tartufo que te ha hecho volver?
Es cierto, el último montaje en el que participé fue Las visitas deberían estar prohibidas por el Código Penal, dirigida por Ernesto Caballero, en 2006, pero es que es muy complicado combinar cualquier cosa con la televisión… Sin embargo, todo se confabuló a favor de este Tartufo: tenía muchas ganas de trabajar con Hernàn Gené, se trataba de Molière, y nunca había hecho un clásico. Además, el personaje de Dorina me enamoró.

Dices que querías trabajar con Gené… ¿Qué tal la experiencia?
El montaje lleva su sello inconfundible: mucho sentido del humor, precisión e inteligencia. Lo más complicado ha sido acoplarnos y crear un lenguaje común, pero Gené tiene mucha experiencia y, aunque es muy exigente, sabe lo que quiere, es muy preciso en sus indicaciones y emplea un lenguaje muy claro, y eso se agradece.

¿Y cómo es Dorina?
Es una de esas mujeres a las que es muy difícil engañar, porque es muy inteligente, ha vivido mucho, y con una sola mirada sabe perfectamente a quién tiene delante. En la función, ella es la que se da cuenta de toda la farsa desde el minuto uno, desenmascara a Tartufo, e intenta abrir los ojos a los demás, sobre todo a Orgón, que está totalmente cegado.

¿Qué te gusta más de ella?
Me parece una mujer fascinante, con los pies sobre la tierra y muy auténtica, que va con la verdad por delante. Y a veces resulta difícil encontrar gente así en este mundo donde lo que prima es la apariencia.

Falsas apariencias
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En esta función Seseña explota sus dotes de mimo.Javier Naval

Entonces, esta obra de Molière nos viene al pelo…
Yo diría que sí, porque muestra cómo vivimos en un mundo donde lo que importa es el envoltorio y no lo envuelto, el alma humana. Lo cierto es que ahora, como hace más de 300 años, cuando se estrenó la obra, seguimos cegados por las apariencias.

En 1664, los ‘tartufos’ de la época intentaron boicotear el estreno, pero hoy en día no pasa eso. ¿Es que hay menos ‘tartufos’ o no le tienen miedo a nada?
Desgraciadamente, ‘tartufos’ siguen existiendo; sobre todo en la política y las altas finanzas, pero todos participamos de esa cultura del engaño, y es difícil sustraerse a ella, y más aún escandalizarse cuando la televisión nos anestesia… De eso se aprovechan.

Como actriz, ¿qué es lo más difícil que te ha tocado hacer?
Un monólogo que interpreté a las órdenes de mi maestro, Philippe Gaulier. Era un texto suyo muy complicado, un trabajo de bufones que duraba hora y media, y yo estaba sola en el escenario durante todo ese tiempo… Fue una auténtica prueba de fuego.

¿Con qué otros directores de teatro te gustaría trabajar?
Muchísimos, tanto españoles como extranjeros. Por ejemplo, Claudio Tolcachir, o Andrés Lima… La lista sería interminable.

¿Siempre tuviste claro que querías dedicarte a esto?
Al principio me interesaba más la danza, pero siempre tuve claro que quería trabajar en el mundo del espectáculo.

Y si bailas e interpretas, ¿te atreverías con un musical?
Atreverme sí, aunque lo de cantar no sé si es lo mío… Quizá si me doblasen… (risas).

A ritmo de jazz…

Unas notas de jazz, unos pasos de charlestone, y algunos guiños al cine mudo, con escenas donde Nathalie Seseña despliega todo su buen hacer en el arte de la pantomima, son algunos de los ‘toques’ de originalidad que Hernán Gené, el director, ha querido dar a esta versión del clásico de Molière, que sitúa en los felices años veinte.

Y es que, dice Seseña, “es en esos años donde más brilla el reino de la hipocresía que Molière retrata con maestría en este texto”.

La eliminación de algunos personajes, y dos actores –Cristina Castaño y Roberto San Martín– haciendo dos papeles distintos son otros de los rasgos diferenciales de este montaje, versionado por Mauro Armiño.

 

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