Hernán Gené presenta su particular visión del clásico Tartufo

Molière a ritmo de jazz

Gema Fernández|
Actualizado el Miércoles 05/10/2011
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El jazz como banda sonora, el glamour de los años 20 en el vestuario y el art decó en la escenografía conforman el personalísimo toque que Hernán Gené ha dado al Tartufo de Molière que estos días se representa en el Teatro Fernán Gómez. Todo ello aderezado con pasajes escénicos que recuerdan las grandes películas de comienzos de la era del cine.

Paco_Hidalgo_y_Cristina Castaño

Paco Hidalgo y Cristina Castaño.Javier Naval

Nathalie_Seseña

Nathalie Seseña.Javier Naval

Un capricho

“Ha sido un caprichito que me he permitido”, dice Gené, director y protagonista de este montaje versionado por Mauro Armiño. Y es que el argentino confiesa que “no quería hacer una función en la Francia del XVIII, con pelucas y puntillas, porque lo siento muy ajeno a mí”. Así, ha caracterizado a sus dos protagonistas femeninas –Nathalie Seseña y Cristina Castaño– con vestidos sueltos, largos collares de perlas, y turbantes y plumas en la cabeza, al estilo de los locos años veinte.

Ambas actrices se enfrentan por primera vez a un texto clásico y lo hacen con “muchas ganas”. Seseña es Dorina, la criada en el original de Molière, que en esta versión se transforma en una dama de compañía. Ella “es una mujer sabia, con mucha experiencia en la vida, que distingue muy bien lo verdadero de lo falso. Por eso ‘cala’ desde el primer momento a Tartufo, y no entiende cómo su señor se deja engañar de esa manera”, explica la intérprete.

Castaño, por su parte, se mete en la piel de dos personajes muy diferentes. Por un lado, interpreta a Elmira, la señora de la casa, y, por otro, a su hijastra, Mariana. La primera es “una mujer a la que le encantan las fiestas y la buena vida, pero que con la llegada de Tartufo se vuelve más austera y hasta prohibe las fiestas en su hogar”, mientras que la segunda “es una chica ingenua, caprichosa y consentida, que está locamente enamorada de Valerio”, comenta la actriz.

El lado masculino

También hace doblete de papeles Roberto San Martín. Él es el pretendiente de Mariana, “el otro personaje que se ha dado cuenta de la estafa de Tartufo, pero no le hacen caso”; y el alguacil, que aparece al final de la función “para resolver la situación”.

Una situación creada por Tartufo, “un estafador que se hace pasar por un devoto para ganarse la confianza de Orgón y conseguir que éste le lleve a su casa, donde poco a poco se va apoderando de todo: se hace con la mano de su hija Mariana y se convierte en el único heredero de su fortuna”, relata Gené, el responsable de dar vida a este ‘caradura’.

Y la víctima de todo el embrollo es Orgón (Paco Hidalgo), “un nuevo rico, de carácter afable, que confía ciegamente en Tartufo, permitiéndole que tiranice a toda su familia”. Porque, como advierte Gené, “no debemos olvidar que para que haya tartufos tienen que existir orgones”…

 

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