Un mini héroe para el siglo XXI

Pérez de la Fuente vuelve a la dirección con Óscar o la felicidad de existir, una historia sobre el coraje y valentía de un niño enfermo de cáncer
Gema Fernández|
Actualizado el martes 13/02/2018
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“Querido Dios, me llamo Óscar y tengo 10 años. Le prendí fuego a la casa, a mi perro y creo que hice una parrilla con los peces. Por cierto, tengo cáncer y no sé si voy a sobrevivir”. Así se presenta el protagonista de Óscar o la felicidad de existir en su primera carta a un Dios que quiere le visite, pero al que no logra comprender del todo.

Un protagonista ausente del escenario en este montaje que dirige Juan Carlos Pérez de la Fuente, pero que robará el corazón de los espectadores a través del relato que de su persona y su historia hace Mami Rosa, la voluntaria que, “con valentía, mucha imaginación y buen humor”, le acompañará en sus últimos días de vida, ayudándole a “conjurar la tristeza, la impotencia y el miedo ante la enfermedad”.

Y es que, como explica Pérez de la Fuente, Óscar es un “trasto” de diez años que “conserva intacto el sueño de jugar en la liga de la vida. Él “nos enseña a mirarlo todo de nuevo con otros ojos”, convirtiéndose en “un pequeño héroe capaz de darnos una gran lección” con su sencillez y sus preguntas sobre la enfermedad y la muerte, y sobre el silencio del Cielo ante sus plegarias.

El gran reto

La actriz Yolanda Ulloa ha aceptado el reto de interpretar este “monólogo a varias voces” de Eric-Emmanuel Schmitt (autor de El señor Ibrahim y las flores del Corán), en el que debe desdoblarse entre Mami Rosa y el resto de personajes que conforman el día a día de Óscar en el hospital, como el doctor, sus padres y sus amigos: Bacon (un niño que sufre quemaduras por un incendio), Peggy Blue (una niña con un color azulado porque tiene problemas con los pulmones), Popcorn (un chaval de más de cien kilos), o La China (una niña que luce una peluca negra porque la quimio la ha dejado sin pelo).

Motes que, a priori, pueden parecer crueles –dice Pérez de la Fuente–, pero que el autor, acostumbrado a visitar hospitales desde niño, introduce adrede en su obra. “¿Qué mejor arma que la broma para afrontar lo ineludible y plantar cara a lo insoportable?”, explica Schmitt, cuya obsesión al escribir esta historia fue demostrar que “por encima de la curación, hay que ser capaz de aceptar la enfermedad y la muerte”.

Con los ojos de un niño


Confiesa Schmitt que tardó “años” en atreverse a escribir esta obra, “siendo muy consciente de que tocaba no solamente un punto sensible, sino también un tabú: el niño enfermo”.

Sin embargo, Oscar et la dame rose, su título original, ha vendido más de medio millón de ejemplares en Francia, y se estrenó el 7 de febrero de 2003 en La Comédie des Champs Elysées de París con un éxito clamoroso. Además, su protagonista, Danielle Darrieux, la gran actriz del teatro y cine francés, obtuvo el Premio Molière 2003 a la mejor actriz por este papel.

El propio Schmitt confiesa amar y admirar este personaje por “su franqueza, su valentía, su rechazo al dolor, su energía desbordante hasta el final, su sabiduría adquirida y su generosidad inagotable”. Para él, este niño de diez años se ha convertido en “un modelo a seguir”.

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Con su historia, el dramaturgo francés cierra su Trilogía de lo invisible, un “viaje iniciático al corazón del misterio” a través de tres relatos que abordan el mundo espiritual desde la mirada de un niño. En Milarepa (1997) es el budismo; en El señor Ibrahim y las flores del Corán (1999), el sufismo; y en Óscar (2002), el cristianismo. Pues, dice Schmitt, “el niño es el héroe filosófico por excelencia”, ya que “durante la infancia nos preguntamos más fácilmente por los problemas serios de la vida”.

Y en la de Pérez de la Fuente, Óscar “siempre aparece en los momentos cruciales para salvarme con su coraje y valentía”. La primera vez fue en 2004, cuando dejó la dirección del Centro Dramático Nacional e inició “singladura” con su productora, que en 2005 se estrenaba en los escenarios con este título, que entonces protagonizó Ana Diosdado. Trece años después, y tras su polémica destitución como director del Español, reaparece de la mano de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) con un Óscar “renovado”, pero del que le sigue “sorprendiendo” su “curiosidad y asombro por la vida”, y del que le sigue “emocionando” su “valentía ante la adversidad y su buen humor”.

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