Acompañado de Elisa Matilla, Pepa Rus y Ángel Pardo

Juanjo Artero olvida sus penas en un karaoke

Gema Fernández / Fotos: David Ruano|
Actualizado el jueves 22/12/2011
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Todos le hemos visto como Javi en Verano azul; o Charli en El comisario; o, más recientemente, como Ricardo Montero, el capitán de la serie El barco; pero su faceta teatral es, quizá, la más desconocida por el gran público. Sin embargo, Juanjo Artero también ha sido Romeo y El Tenorio, y ha puesto en escena a Lope, Zorrilla, Calderón y Shakespeare. Ahora encarna a Roberto, uno de los cuatro personajes creados por Juan Luis Iborra y Antonio Albert para su nueva comedia: Historias de un karaoke.

El refugio

¿Qué ocurre en este karaoke?
Es un local situado en un semisótano, al que acuden varios personajes huyendo de sus problemas, en unos casos, físicos, en otros, emocionales. Para entrar hay que bajar unas escaleras, y se ven los pies de la gente que pasa por la calle. Es una especie de metáfora espacial, que sitúa a los protagonistas por debajo de la vida normal, de la que se sienten alejados.

¿Cuál es el problema de tu personaje?
Roberto está lleno de tics y manías que dan comicidad a la obra. Es un obsesivo compulsivo, que hace cosas muy raras: no pisa rayas, tampoco da la mano, se pone mascarilla y guantes porque le dan miedo las bacterias y los virus… Y debido a ese trastorno, su mujer le ha abandonado y el juez ha decidido que no puede ver a sus hijas. Además, tiene que pasar una pensión tan grande que no le queda ni para un alquiler, y vive en una tienda de campaña en un parque. Un problema real al que se enfrentan muchos divorciados.

Raphael

Todos tenéis una canción fetiche en la obra, ¿cuál es la tuya?
Yo soy aquel, de Raphael, una canción que mi personaje destroza sobre el escenario porque canta llorando mientras se acuerda de su mujer, de la que sigue enamorado. Eso sí, hay otro personaje que aún canta peor que yo, y es una de las cosas más divertidas de la obra.

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Entonces, ¿hablamos de una comedia?
Sí, es una comedia muy ácida, pero tierna y divertida, y acabas encariñándote con los personajes. Aunque no sólo hay risas. También se habla de la soledad, de los prejuicios, los miedos… Y aprendes a reírte de los problemas, porque, cuando lo haces, te pesan menos.

Comenzaste en este mundillo con tan sólo 14 años, de la mano de Antonio Mercero. Si él no hubiese aparecido en tu vida, ¿te habrías dedicado a esto?
Siempre quise ser actor, y mis profesores me animaban a ello. Una vez, montamos una obra de teatro sobre la Revolución Francesa como trabajo para la clase de Historia. Escribimos el guión y a mí me tocó hacer de Robespierre. Y gustó tanto al profesor, que tuvimos que representarla para todo el colegio. Ese mismo verano, en la piscina, Mercero me vio y me llamó para hacer unas pruebas, y me cogió para Verano azul.

¿Qué recuerdas de entonces?
Tengo muy buenos recuerdos. Este año nos hemos reunido todos en Nerja para conmemorar el 30 aniversario. Fue el empujón que necesitaba para dedicarme a esto, a mi sueño, aunque también me supuso un pequeño lastre, porque después del papel de Javi, me costó mucho ganar credibilidad como actor. Pero eso me obligó a prepararme con más ahínco.

Últimamente, no paras: cine, teatro, televisión… ¿Con qué te quedas?
Me gusta todo. Haber trabajado en la película de Urbizu, No habrá paz para los malvados, ha sido una delicia. Estoy encantado en El barco. Pero lo que me vuelve loco es el teatro; la energía que sientes cuando subes cada noche al escenario, no te lo da nada más. Eso es lo que más disfruto.

Los excluidos


Los protagonistas de esta función son cuatro perdedores entrañables y llenos de traumas, salidos de la pluma de los alicantinos Juan Luis Iborra y Antonio Albert, quienes han buscado que el público se identifique con ellos.

Elisa Matilla es una mujer abandonada por un chino; Pepa Rus interpreta a una ex niña de San Ildefonso que se equivocó al cantar el gordo; y Ángel Pardo ‘padece’ “un miembro viril como la manga de un abrigo”, envidia de muchos hombres, pero motivo de sufrimiento en su relación con las mujeres. Artero completa el ‘pack’ son sus tics y sus problemas sentimentales.

 

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