José Luis Gil y Mauro Muñiz
de Urquiza: la historia de una gran amistad

Gema Fernández / Fotos: Nacho Arias|
Actualizado el Jueves 26/12/2013
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El gran favor es el título elegido por Mauro Muñiz de Urquiza y Carolina Noriega para dar título al primer texto dramático que escriben al alimón ambos guionistas y expertos en monólogos. Surgió del deseo de dos amigos –Muñoz de Urquiza y José Luis Gil– de trabajar juntos de nuevo, tras haber coincidido en otras dos producciones: Ser o no ser y Fuga.

Traje a medida

La función se gestó en menos de un año, y, como dicen sus productores, “es un traje hecho a medida” para ambos actores.

Los protagonistas son Charlie y Humberto. El primero, es el dueño de un bar de copas que “está de vuelta de todo. Ha vivido el lado salvaje de la vida con su grupo de rock y se ha vuelto un descreído. Es un ser que representa la parte oscura de la vida, el escepticismo, la desilusión, el mundo paralelo al día y a la normalidad”, afirma Muñoz de Urquiza, su intérprete.

Por contra, el personaje al que da vida Gil es un notario cincuentón que sigue viviendo con su madre, “una viuda tremendamente posesiva, que le ha dado una educación tradicional y muy estricta, y le ha impedido vivir y desarrollarse como persona. Por eso, no tiene experiencia en las cosas más básicas: el amor, la amistad… Y todo lo tiene idealizado, lo que le convierte en un hombre ingenuo, sin maldad, y solitario”, explica el actor.

Y la casualidad hace que estos dos seres tan diferentes y opuestos se encuentren una madrugada de Semana Santa, en la que Humberto busca desesperadamente un lugar que le venda pan para torrijas y se cuela en el bar de Charlie, que tiene el cierre a medio echar.

A partir de este primer encuentro, estos dos seres solitarios compartirán su soledad a lo largo de una docena de noches, en las que seremos testigos de cómo, poco a poco, entre Charlie y Humberto va surgiendo una amistad, que será puesta a prueba cuando el dueño del bar le pida un gran favor a su nuevo amigo.

“Pese a ser tan distintos, hablan con total libertad de sus diferentes maneras de ver las cosas, y acaban necesitándose el uno al otro”, dice Gil.

“Ver que hay otro mundo hace que Humberto, que es como un niño, se convierta en un adulto, madure; mientras que Charlie encuentra al niño que dejó en la cuneta cuando empezaba sus giras”, añade Muñiz de Urquiza.

Y todo ello a través de una función “llena de situaciones muy divertidas”, que nos lleva por “una pequeña montaña rusa de emociones”, hasta dejarnos “un mensaje esperanzador”, coinciden los actores.

 

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