José Luis García-Pérez es un hombre perdido en su soledad

Protagoniza Diario de un loco, de Gógol, a las órdenes de Luis Luque
Gema Fernández / Fotos: Sergio Parra|
Actualizado el Lunes 11/11/2013
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En su último montaje teatral, extraído de Historias de San Petersburgo, de Gógol, el actor de la voz rasgada se convierte en un loco que nos invita a entrar en ‘su normalidad’ a través de su diario.

Las fechas del calendario marcan el ritmo de la función, mientras muestran la caída en picado del único personaje de Diario de un loco. Se trata de Aksenti Ivanovich, un funcionario de la Rusia zarista, al que vamos viendo perder la razón ante su aterradora realidad: se siente solo, y la soledad se convierte en la mayor de sus catástrofes.

El peor enemigo

La rutina de su mísero trabajo de funcionario, el amor no correspondido que siente por la hija de su jefe, y la obsesión de creer que tiene sangre noble, le convierten en un blanco fácil de la locura: un hombre solo, o que se siente solo, no es nadie…

“Aksenti es como un niño, a veces rabioso; por eso me he acercado a él desde la inocencia y la ingenuidad, desde el amor absoluto. Y ese acercamiento ha sido esclarecedor a nivel personal. Él es un personaje al que te gustaría abrazar. Y abrazándole a él abrazas al ser humano, lleno de contradicciones y miedos”, dice García-Pérez.

El actor asegura que se enamoró del texto en la segunda página, y que Gogol le ha proporcionado “las palabras más hermosas que hasta ahora he tenido la oportunidad de pronunciar”. A él, Aksenti le “calma” y le “hace sonreír por dentro” y espera “emocionar” al público con su historia.

Dos amigos y una locura

Luis Luque (el director) y García-Pérez se conocieron en el reciente montaje de Saura de El gran teatro del mundo, y congeniaron tan bien que empezaron a hablar de trabajar juntos. “Llevaba tiempo buscando un texto que poder hacer en solitario y producir yo mismo, y le comenté a Luis que me gustaría que me dirigiera él”, dice el actor. Y la propuesta de Luque fue Diario de un loco, de Gogol.

Lo estrenaron este verano en la programación del Fringe, con la azotea del Matadero como escenario. Estuvieron una semana en cartel y agotaron las entradas todos los días. Ahora, llegando el frío, “los locos se ponen a cubierto”, dice Luque, y ellos han tenido que “adaptar el espacio”. La encargada de hacerlo ha sido Mónica Boromello, que, según García-Pérez, “ha diseñado un espacio único, muy sugerente y poético; un espacio que tiene algo de cielo, algo de infierno, algo de industrial, algo de casa, y algo de manicomio”. Un lugar donde la gente pueda “dejar salir al loco hermoso, amoroso y humano que todos llevamos dentro, no al peligroso y feo”, desea el protagonista. Y en esta función “hay una oportunidad para hacerlo durante una hora y media”.

 

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