El rostro de la maldad

Mabel del Pozo y Xoel Fernández nos invitan a descubrir las pasiones y monstruos del que fue tercer emperador de Roma: Calígula
Gema Fernández|
Actualizado el Viernes 04/05/2018
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“Hice todo lo que hice, porque podía hacerlo”, dice el actor Xoel Fernández transformado en un personaje arrasado por el dolor de la pérdida de su hermana. Y es que, en Calígula debe morir, Mabel del Pozo y él han intentado encontrar un sentido al cambio radical que se produjo en un hombre que pasó de ser amado por el pueblo a cometer las mayores atrocidades.

“No es un loco patológico. Su locura nace del dolor”, afirma la dramaturga y directora del montaje. En su opinión, Calígula “malinterpretó el concepto de libertad y se olvidó de que era humano, convirtiéndose en un monstruo ante la mirada impasible de todos”.

Bebiendo de muy diversas fuentes, que incluyen la obra de Albert Camus, los escritos de Suetonio en Vida de los doce césares, la película de Tinto Brass que protagonizó Malcolm McDowell, e incluso el tirano que interpretó Marlon Brando en Apocalypse Now, Del Pozo y Fernández han costruido un personaje que mira directamente al público y se dirige a él para narrarle su historia.

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El desencadenante

El relato comienza en el funeral de su hermana Drusila, que le enfrenta a viejos fantasmas, como los asesinatos de sus padres, la guerra, o sus traumas como “Botitas” (traducción del apodo con el que ha pasado a la historia, pues su nombre real era Cayo Julio César Augusto Germánico).

Como explica el intérprete de este monólogo, todo ello desata en su interior “una rebelión metafísica contra el orden de las cosas”. “Para él, la vida deja de tener sentido cuando pierde a su hermana y amante. Ella era su luz, quien le permitía sobrevivir a un mundo que él siente hostil”, explica. Y, ante la absurdidad en que para él se ha convertido su vida y lo que le rodea, decide aplicar ese absurdo a su forma de gobernar.

Se convierte entonces en “un ser totalitario, que tratará de pervertir todos y cada uno de los supuestos valores humanos”, relata la directora.

Su montaje, que Xoel define como “una centrifugadora de emociones extremas”, revela a un personaje “atemporal y totalmente vigente que, desde la monstruosidad que le posee, muestra un espejo en el que la sociedad pueda mirarse”, para descubrir nuestra responsabilidad en la creación de seres como él.

Compromiso con el talento


Calígula debe morir podrá verse en el Teatro de las Culturas, una sala que abrió sus puertas en noviembre de 2017 de la mano de Alberto Ammann (en la foto) y Clara Méndez-Leite con un claro “compromiso artístico” con la diversidad cultural (de ahí su nombre), con las producciones independientes, y con la figura de la mujer artista y creadora, a la que dedican “el 70%” de su programación. Como es el caso de este montaje, escrito y dirigido por Mabel del Pozo.

Alberto Ammann

©Paco Navarro

Según Ammann, de este proyecto les atrajo no sólo el talento de sus creadores, sino la “visión moderna” que ofrecen de un personaje “siniestro”, que “enfrentó su vida desde la violencia y el resentimiento”, al que en esta pieza dan “una dimensión humana, que puede ayudar a mover algo dentro de nosotros”.

 

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