El mundo como una pocilga

El nuevo montaje de La Zaranda compara a hombres con puercos
Gema Fernández / Fotos: Juan Carlos García y Víctor Iglesias|
Actualizado el Martes 18/06/2013
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El nuevo montaje de La Zaranda, Premio Nacional de Teatro, mira con dureza nuestra sociedad, comparándola con una pocilga donde sólo prima lo material.

Quizás inspirándose en una de las profecías de Nostradamus (esa que dice “hombre yacerá con cerdo en desorden. Pestilente tufo recorrerá el reino”), Eugenio Calonge sitúa en su texto, El régimen del pienso, a humanos y puercos en un mismo estrato, en una especie de parábola orwelliana, en la que los destinos de ambos están unidos.

La epidemia

Todo comienza con una epidemia porcina, que hace que en las pocilgas las hembras devoren sus fetos, y que los cerdos jóvenes asfixien a los más viejos y enfermos. Eso conlleva una bajada de las ventas, que afecta a los trabajadores de esta industria, quienes temen por sus empleos.

“Identificando un ser con lo que es capaz de rendir, éste queda reducido a su mera función –explica Calonge–. Así, cuando el rendimiento cae por debajo de los gastos de mantenimiento, el trabajador comienza a ser una carga inasumible, y es estrictamente lógico suprimirlo”. De ahí que la desesperación y la desconfianza se adueñen de estos hombres, que pasan “de la servidumbre al envilecimiento”, y se convierten en seres capaces de cualquier cosa para mantener su puesto.

“La lucha atroz por subsistir acaba anulando su espíritu creativo, sin el cual el hombre retorna a la animalidad, haciendo que las vidas grises de humanos y cerdos se confundan; sus destinos convergen en la falta de horizonte”, apunta Calonge.

El pienso

Y si los cerdos se agolpan en los compartimentos de las pocilgas, conectados con cables de irrigación e inseminación; los oficinistas están sumergidos entre archivadores, en una maraña de cables que los asfixia. A las bestias se las mantiene vivas el pienso; viven por y para comer y servir a la industria que las alimenta. Mientras tanto, los empleados también viven bajo el yugo de un régimen “basado en lo económico, lo material; sin nada más”, dice Calonge.

Es por ello que el dramaturgo espera que con esta función
–dirigida por Paco de La Zaranda (Francisco Sánchez), y protagonizada por él mismo y el resto de históricos de la compañía (Luis Enrique Bustos y Gaspar Campuzano), a los que en esta ocasión se ha sumado Javier Semprún, de Teatro Corsario–, nos ayude a reflexionar “para no convertirnos en personajes grises, que se olvidan de sus valores y se miden sólo por su rendimiento”.

 

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