Los Teatros del Canal estrenan Los días felices

Cuando lo absurdo se vuelve real

Gema Fernández|
Actualizado el Viernes 14/01/2011
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Hasta ahora, los expertos definían Los días felices (Happy days) como “un monólogo representativo del teatro de lo absurdo”, pero las cosas han cambiado mucho, y lo que antes parecía absurdo, en la actualidad es realidad pura y dura. O al menos eso piensan los responsables de la nueva versión de esta obra escrita por Beckett, que estará en los Teatros del Canal hasta el 23 de enero.

isabel ordaz_los días felices

Isabel Ordaz, semienterrada, en su papel de Winnie.

“Nuestra sociedad es tremendamente absurda, así que esto ya no es teatro de lo absurdo, sino realismo puro”, dice Albert Boadella, director de los teatros. Sin embargo, a primera vista esta función puede parecer de lo más surrealista. En el escenario, una mujer aparece semienterrada en un montículo calcinado bajo una luz cegadora. Pese a ello, encuentra motivos suficientes para ser optimista y ver el lado más positivo de la vida.

Una “actriz todoterreno”

Ella es Winnie, un personaje que Isabel Ordaz, la “actriz todoterreno” –según Boadella– que le da vida, define como “una loca de la esperanza, una mujer frágil, divertida, con miedo a envejecer, pero que lucha por su parcela de felicidad en un mundo que le es totalmente adverso. Como ella, cada uno de nosotros está enterrado en su propia montañita, y también tenemos esa voluntad férrea de la esperanza”.

El papel supone “una prueba de fuego para una actriz”, advierte Boadella, porque la inmovilidad es absoluta. Por eso Ordaz, que se enfrenta a un Beckett por primera vez y por iniciativa propia, dice haber recurrido a la “magia del contar”, a “la fe en la palabra”, para asumir el “reto” que supone dotar de “alma”, de “humanidad”, a Winnie. Porque, como explica Salva Bolta, que dirige la función, “lo que está enterrado en la arena es una persona con emociones, con esperanzas, con miedos… Una persona como cualquiera de nosotros, por eso deja de ser un personaje de ficción y se convierte en alguien de carne y hueso”.

Acompañando a Ordaz en esta soledad elegida, Julio Vélez, que interpreta a Willie, el marido de Winnie, “un personaje pequeño, al que se ve poco” y que, según el actor, “podría ser mi padre”. Y es que, apunta Ordaz, “el público reconocerá a muchos conocidos en estos dos personajes” y cree que la función se “colará” en el corazón de los espectadores.

 

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