Abre su corazón al público con Yo lo que quiero es bailar, en La Latina

Concha Velasco: Una vida dedicada a los escenarios

Gema Fernández // FOTOS: David Ruano|
Actualizado el Jueves 08/11/2012
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Bajo la atenta batuta de José María Pou, quien ya la dirigió en La vida por delante, la actriz vallisoletana ‘desnuda’ su alma sobre las tablas. Armada únicamente de una banqueta, una camisa, unas medias y sus inseparables zapatos de tacón, Concha Velasco muestra toda su vida en los escenarios en su último montaje: Yo lo que quiero es bailar. Un texto escrito por el dramaturgo Juan Carlos Rubio, basándose en las anécdotas y vivencias que la propia artista le ha relatado, y que cuenta con canciones y música en directo.

Anécdotas

El título reza: “Yo lo que quiero es bailar”. ¿Es lo que siempre has querido?
Quería ser bailarina. Empecé aprendiendo ballet y clásico español en el conservatorio, pero un problema familiar me impidió seguir con mis estudios, y me obligó a ponerme a trabajar en compañías folklóricas, revistas, haciendo de figurante… Entonces, me di cuenta de que no podría ser bailarina, porque exige mucha dedicación, y cada vez que tenía un problema, decía: “si yo lo que quiero es bailar”. De ahí el título; aunque también dudamos en llamarla: “Yo, la protagonista”, por otra anécdota mía que circula entre los compañeros sobre una reunión en el Sindicato del Espectáculo, en la que se decidía si ir a la huelga o hacer cooperativas, y yo dije que a mí me daba igual, que lo único que quería era ser protagonista.

Estas anécdotas, ¿aparecen en el espectáculo?
No, había que seleccionar. Me he pasado toda una vida en los escenarios. Comencé a trabajar con 10 años y voy a cumplir 73; y he tenido buenos y malos momentos, pero no puedo contarlo todo en un espectáculo. Hemos dejado lo que Pou y Rubio han considerado mejor.

¿Cómo te sientes contando tu vida en los escenarios?
Muy bien. Me ha servido de terapia. Me he encontrado a mí misma, y me he gustado una barbaridad. Creo que los años que me quedan voy a ser una señora con la que se lo pasen muy bien quienes la rodean.

¿Descubres algún secreto?
Sí, porque había que darle un poquito de morbo a la cosa. Aquí me río de mí misma, reconozco mis culpas, y cuento mis fracasos, como el que supuso que no me dieran el Goya por Más allá del jardín, algo que en la función Rubio ha transformado en una de las escenas más divertidas.

¿Y en la función bailas como es tu deseo?
Nooooo, a mi edad eso ya sería un logro. Sólo canto. De hecho, una de las cosas que digo en la función es que yo lo que quería era bailar, pero me he pasado la vida cantando…

¿Qué balance haces de tu carrera?
Creo que tengo una carrera de libro: sólida, fuerte, y muy bien dirigida. He sabido envejecer, y ahora me río de mí misma sobre un escenario y sigo trabajando en televisión, haciendo de doña Ángela en Gran Hotel. Tengo de qué presumir…

Una grande de nuestra escena

concha_velasco

No recuerda en qué momento le llegó la vocación, pero confiesa que fue “una niña repipi, que sólo quería tener espectadores, y escenificar películas. Disfrutaba bailando, disfrazándome, ensayando delante del espejo o mi familia”, relata. Fue por eso que los Velasco Varona abandonaron Marruecos, donde Concha vivió seis años, para marchar a Madrid, que ofrecía “más oportunidades” para alguien que quería ser artista.

Comenzó dando clases de danza, y consiguió una beca para seguir sus estudios en Inglaterra. Entonces, Concha era Conchita, y había decidido pasar al estrellato como Lucrecia Velvar (“por mis apellidos: Velasco Varona, y porque en una familia como la mía, de militares, maestros, monjas y matemáticos, sólo hubo un antecedente artístico: Lucrecia, una cantante de ópera”.

Problemas familiares le impidieron realizar el sueño británico, pero eso no le hizo cejar en su empeño de convertirse en artista. Su primer contrato llegó de manos de la Compañía Nacional de Ópera, con quien se estrenó en la danza de los negritos de Aida. Después vendría el cine, la revista, el teatro, la televisión, los discos… y los éxitos.

En sus más de 60 años de carrera ha cosechado innumerables premios, pero su “espinita” es el Goya, al que ha estado nominada en dos ocasiones, sin conseguirlo. Aunque la próxima edición de estos premios por fin reconocerá la labor de esta grande de nuestra escena con el Goya de Honor.

 

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