100 años de Gran Vía, de historia, de cultura…

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Actualizado el Sábado 03/04/2010
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Ha inspirado a artistas, cineastas, fotógrafos, músicos y escritores. En ella brotaron los primeros rascacielos de Madrid, surgieron los cafés y las tertulias, se estrenaron los comercios de grandes escaparates y se inventaron las rebajas. E incluso durante la guerra se convirtió en ‘diana’ de las bombas… De ahí que durante una época a la Gran Vía se la conociese como la “Avenida de los Obuses”.

Gran Vía

JAC

Pero éste no ha sido su único nombre. La agitada vida política del pasado siglo obligó a rebautizarla en varias ocasiones. Así, ha sido conocida como “Avenida de la CNT”, “Avenida de Rusia”, “Avenida de la Unión Soviética”… y hay una generación que aún la recuerda como la “Avenida de José Antonio” (por José Antonio Primo de Rivera).

EL BROADWAY MADRILEÑO

Hoy, la Gran Vía es una de las caras más comerciales de la ciudad, y muchos se han empeñado en colocarle el sobrenombre de “el Broadway madrileño”, por aquello de la cantidad de musicales que se han interpretado (y siguen haciéndolo) en los teatros que la pueblan. El fantasma de la Ópera, Jesucristo Superstar, La Bella y la Bestia, My fair lady o, más recientemente, Chicago, son algunos de los rótulos que han iluminado esta calle. Además, sus salas siguen siendo escenario habitual de los principales estrenos de cine.

Sin embargo, la Gran Vía que ahora conocemos se asienta sobre lo que fue una maraña de callecitas y oscuros callejones, que dibujaban el plano de Madrid hasta el siglo XIX.

UNA OBRA FARAÓNICA

La idea de construir una gran avenida en medio de la ciudad surgió allá por 1861, pero no comenzó a construirse hasta 1910. El 4 de abril de ese año, acompañado de lo más granado de la sociedad madrileña de la época, y al ritmo del pasodoble Dos de mayo, Alfonso XIII hundía la piqueta de plata en la que entonces era la casa del párroco de la Iglesia de San José, dando el pistoletazo de salida a esta obra faraónica, que no concluyó hasta 1952, cuando se levantó el último edificio, que en la actualidad es el Hotel Washington.

Su construcción transformó totalmente la ciudad, pues supuso la expropiación de 327 edificios –entre ellos el Teatro Lara o el Convento de San José– y la creación de 32 nuevas manzanas a lo largo de casi un kilómetro y medio de longitud.

El mejor consejo es recorrerla a pie y sin prisas, disfrutando del esplendor que desprenden sus edificios, y fijándose en tejados y cúpulas, pues guardan auténticos tesoros. Además, durante el paseo, se pueden realizar compras o disfrutar del ocio en cualquiera de los locales que esta vía, que nunca duerme, alberga.

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