El ‘flechazo’ de Beatriz Argüello

Estaciones de Isadora

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©Luis Malibrán

“Lo mío con el teatro y los grandes autores dramáticos fue un flechazo en toda regla”

No le gusta hablar de “personajes”. Para Beatriz Argüello cada papel que interpreta tiene su propia alma, que ella intenta mostrar insuflándoles vida con su arte y profesionalidad. Ahora está volcada en un proyecto que lleva rondándole la cabeza desde hace años, un homenaje a Isadora Duncan que supone un sueño cumplido.

Con Estaciones de Isadora, esta polifacética actriz nos invita a “un viaje poético a través del amor y la muerte”, en un montaje en el que palabra, danza y música caminan de la mano, y que nos muestra una de sus facetas más desconocidas: la de bailarina.

un proyecto personal

Esta función parte de ti; ¿qué te atrae de Isadora Duncan?
Es una mujer a la que admiro mucho. Ella intentó sobrevivir al dolor consagrando su vida al arte, a la belleza, al amor y también a los placeres. Cruzó cientos de fronteras; fue innovadora y arriesgada para su tiempo. Y, con su espíritu revolucionario, incansable e insaciable, abrió las puertas al desarrollo de la danza moderna y contemporánea.

En una escena de la función. ©Rigel Pomares Amare

¿Qué idea tenías en la cabeza cuando empezaste a trabajar en este proyecto?
Ha sufrido muchas transformaciones a lo largo de los años. Y es que empecé a pensar en él hace tiempo, cuando leí la autobiografía de Isadora. Quería componer una partitura sobre su vida y su arte, no hacer un montaje biográfico, y empecé a trabajar en las coreografías con Daniel Abreu, que es Premio Nacional de Danza, pero me dí cuenta de que necesitaba un hilo conductor, así que acudí a Hugo Pérez de la Pica, a quien conozco desde que éramos niños, y se incorporó a este viaje como dramaturgo y codirector.

¿Qué ha aportado al proyecto?
Le dije que necesitaba poesía porque, entre otras muchas cosas (director, figurinista…), Hugo es un poeta maravilloso. Y él me ha regalado un texto evocador, compuesto por siete poemas que son pura magia y musicalidad.

¿Cómo transitas por esas estaciones?
Es un viaje por diferentes estados de esta mujer. Un trabajo muy evocador, que ahonda en su dolor, sus esperanzas, su soledad, su voluntad, su fuerza… Hemos intentado mostrar su alma dando voz a lo más profundo de su ser a través de la palabra, la danza y la música, que forman parte del universo de Isadora. No es un espectáculo racional, sino de sensaciones, y yo transito por él con una actitud de entrega y sorpresa, dejándome calar por esa poesía que hay en la palabra y el movimiento.

¿Cómo es la Isadora que vamos a ver sobre el escenario?
Una mujer vulnerable, con un gran dolor en su alma, pero fuerte y decidida al mismo tiempo. El público verá sus luchas y fracasos, y también a una gran artista. A una joven que danza y admira el mundo, a una revolucionaria, y a una mujer hundida por la pérdida de sus hijos, e incluso será testigo de su muerte desde la alegría.

Pocos saben que llegaste a ser profesional de la danza, ¿dudaste alguna vez entre bailar o dedicarte a la interpretación?
Siendo niña, me apunté a clases de ballet porque no las había de teatro. Y me enganchó tanto la danza que, cuando me marché a estudiar COU a Estados Unidos mi única condición fue estar con una familia que me llevase a clases de danza, porque necesitaba seguir bailando. Allí entré en una compañía semiprofesional e hicimos una gira por el sur del país. Así que, cuando volví a España, yo era bailarina, y venía dispuesta a continuar con la danza. Pero empecé a vivir en Madrid, y mi padre, que fue actor en los sesenta, me animó a estudiar teatro, y al hacerlo descubrí a los grandes autores dramáticos, como Calderón o Shakespeare. Y fue un flechazo en toda regla; nunca más volví a la danza, pero tampoco la eché de menos. Fue un paso muy natural y sin marcha atrás.

El dolor y el sufrimiento de Isadora están latentes en el montaje. ©Rigel Pomares Amare

¿Y cómo te has sentido volviendo a bailar?
Ha sido un placer inesperado. No sólo por volver a calzarme las zapatillas, sino porque me ha permitido trabajar con bailarines, que son gente muy abierta a nuevas ideas, y muy creativos.

¿Éste ha sido el primer paso para enfocarte a la dirección?
Llega un momento en que necesitas dar el salto a la dirección. Y desde hace unos años es una posibilidad que va calando más en mí, y siento la tentación de ponerme a ello. Quizás el haber dado este salto de codirigir con Hugo, me ha dado fuerza para hacerlo sola en otros proyectos. Ahora ya me veo capaz.

¿Qué sientes sobre un escenario?
Disfruto cada vez que hago teatro. Creo que vivo de una manera mucho más real en el escenario que fuera, donde hay muchas distracciones externas que me hacen vivir muchos momentos a medias. Aquí tienes que estar al cien por cien, no te puedes permitir actuar a medias, porque te lleva a una interpretación mediocre. Por eso, guardo muchos momentos maravillosos de mis representaciones, y cuando acabo una función necesito un rato a solas en el camerino para aterrizar en la realidad, después de toda la adrenalina que he soltado, y que me lleva a un estado de exaltación.

Si tus hijos te dijeran que quieren dedicarse a esto, ¿qué les dirías?
Alguno ya me lo ha dicho: la pequeña quiere cantar, y el mediano, ser actor. Sólo al mayor le tiran más las ciencias. Y yo sólo quiero que se dediquen a algo que les apasione. Me preocupa un poco porque esta profesión es muy dura, pero les apoyo incondicionalmente, y ya hemos hecho cositas juntos en fiestas familiares y con amigos.


Una mujer de teatro

No duda en asegurar que es una “mujer de teatro”. Una afirmación que refleja en su trayectoria profesional, donde los montajes teatrales en los que ha participado ganan por goleada a sus trabajos para el cine y la televisión. Ha estado a las órdenes de Juan Carlos Pérez de la Fuente, José Pascual, José Luis Gómez, Eduardo Vasco, y Gerardo Vera, entre otros muchos, en la veintena larga de obras que lleva a sus espaldas.

©Luis Malibrán

Últimamente, por ejemplo, hemos podido verla en la Numancia del exdirector del Teatro Español; en el Don Juan de Blanca Portillo; y en la versión musical de Como gustéis, de Shakespeare, que dirigió el italiano Marco Carniti.

En Estaciones de Isadora, que Pérez de la Pica dice haber escrito “como en trance”, se enfrenta a un escenario prácticamente desnudo (sólo un armario con espejos y un suelo que se ilumina “para contar cosas”), acompañada únicamente al piano por Mikhail Studyonov. El espectáculo, dotado de “una gran carga emotiva”, pretende ser “un canto a lo femenino y a la belleza”, que invita al espectador a viajar por “un sinfín de estados no racionales”, pero sí emocionales, a través de la esperanza, el dolor, la soledad, la voluntad y la fuerza de Isadora Duncan. Un montaje que, con música de Chopin y Alexander Scriabin, servirá para demostrar que Beatriz Argüello “es una gran bailarina”. Palabra del codirector y dramaturgo de la función.



  • ESTACIONES DE ISADORA
  • Teatro Español: C/ Príncipe, 25
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:30h. Domingos, 19:30h. 
  • FECHAS: Del 1 al 20 de noviembre de 2016
  • PRECIOS: De 13,50€ a 18


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