• El certamen teatral que organiza la Comunidad de Madrid regresa a sus orígenes, volviendo a centrar su programación en las fechas otoñales, pero manteniendo su interés por las nuevas experiencias escénicas.


Fue en 2010 cuando el prestigioso Festival de Otoño madrileño se trasladaba a la primavera “para no competir con la iniciativa privada” y “reforzar el calendario teatral cuando decrece la afluencia de público”. Así lo explicaba la entonces presidenta regional, Esperanza Aguirre. A partir de 2013, la programación empezó a quedar diluida a lo largo de la temporada (de finales de octubre a principios de junio), y ahora, ocho años después de su cambio de estación y temporalidad, el certamen que dirige Carlos Aladro vuelve a sus orígenes, y en su XXVI edición se celebrará del 15 de noviembre al 2 de diciembre.

El espectáculo de danza “Insect train”. ©Ali Tollervey

“Volver al otoño es darle de nuevo la identidad, el lugar y el reconocimiento de un encuentro único. Y será todo un reto crear en el espectador la ilusión, la adrenalina y la emoción que se viven en las grandes citas escénicas internacionales”, comenta el director.

nuevas miradas

Para conseguirlo, su programación, que apuesta “por la sorpresa y el descubrimiento de nuevas miradas”, estará compuesta por 21 espectáculos y cinco laboratorios de creación de artistas y compañías procedentes de Chile, Portugal, España, Países Bajos, Reino Unido, Francia, Uruguay, Irán, lituania, Bolivia, Brasil, Italia, Argentina, Grecia y Polonia.

Simon Stone, Sergio Blanco y Krystian Lupa son tres de los grandes nombres que pasarán por nuestra región este otoño. Y tampoco faltarán a la cita artistas y colectivos tan imprescindibles como Teatro La Re-sentida, Forced Entertainment, Łukasz Twarkowski, Pablo Fidalgo, Bertrand Lesca y Nasi Voutsas, Nassim Soleimpour, El Pont Flotant, Stopgag Dance Company o Elena Córdoba, que prometen ofrecernos “experiencias escénicas extraordinarias”.

El australiano Simon Stone, que con 34 años se ha convertido en uno de los directores más cotizados de la escena internacional gracias a la adaptación de Yerma que hizo para el Young Vic, premiada con un Olivier, se estrena en Madrid con la Medea que ha dirigido para el Internationaal Theater Amsterdam; otra relectura de un clásico, que ha contemporaneizado basándose en un hecho real, entusiasmando a la crítica internacional.

Simon Stone ha actualizado “Medea”. ©Sanne Peper

También ha conseguido el aplauso unánime la obra del dramaturgo y director uruguayo afincado en París Sergio Blanco, que aterriza en nuestra ciudad con El bramido de Düsseldorf, donde hilvana la muerte de su padre con reflexiones sobre Dios, la representación de la sexualidad o los límites del arte.

Como en ocasiones anteriores, el veterano Krystian Lupa repite en el certamen madrileño. Y lo hace con Ante la jubilación, de Thomas Bernhard, un montaje que aborda el nazismo como un virus, y para el que ha contado con un trío de experimentados actores catalanes, como Mercè Aránega, Marta Angelat y Pep Cruz.

“El bramido de Düsseldorf”, de Sergio Blanco.
toda una experiencia

Con la crisis griega como telón de fondo se estrena en nuestro festival Eurohouse, la celebrada ópera prima del tándem formado por Bertrand Lesca y Nasi Voustas, que también ofrecerán su segunda creación: Palmyra, donde reflexionan sobre la venganza y la barbarie inspirándose en la destrucción de la ciudad de Palmira por el ISIS. La crítica internacional advierte de que sus espectáculos son “letalmente divertidos” pero en ellos “la risa se mezcla con la violencia”.

Otros que prometen no dejar a nadie indiferente son los chilenos La Re-sentida. Conocidos por su estilo “punk” presentan Tratando de hacer una obra que cambie el mundo. 

“Tratando de hacer una obra que cambie el mundo”, de La Re-sentida.

Y entre los artistas que transitan los nuevos caminos de la escena no hay que olvidar a los valencianos El Pont Flotant, que mostrarán el resultado de un laboratorio escénico en Otras InCapacidades. O los británicos Forced Entertainment, que regresan a nuestros escenarios con Real Magic, una pieza estimulante y humana que traslada el absurdo de Beckett a los tiempos de la telebasura.

Además, las coreógrafas Cecilia Bengolea y Florentina Holzinger se enfrentan a sus límites físicos transformándose en enormes insectos en el espectáculo de danza Insect Train. Y la compañía británica Stopgap Dance Company nos muestra su trabajo de colaboración entre artistas con y sin discapacidad física e intelectual en The Enormous Room, una exploración del dolor y la pena que pone el foco en la compleja relación entre un padre y una hija que atraviesan un duro proceso de duelo tras la desaparición de la esposa y madre.

Puedes encontrar la programación completa en este enlace: http://www.madrid.org/fo/2018/programacion.html

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