Laura Maure
Periodista experta en comunicación corporativa y gestión cultural. Condenada a anhelar un escenario como hábitat de vida, compagina el ejercicio de la comunicación con proyectos teatrales. También puedes seguirla en su blog personal: www.comsicomsa.com/blog/

Sobre las catarsis de autor

25/03/2015 • 
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Hay algo peligroso en el valiente ejercicio de escribir al desnudo, en esas obras que a las editoriales y críticos les encanta describir como “personalísimas”, en las autobiografías puestas al servicio de la trama narrativa. Es de admirar, y algo inherente al oficio de escritor, empapar de las propias vivencias las obras, imprimirles el alma, dejarse el ADN en cada uno de los hijos literarios. En definitiva, narrar desde la propia experiencia, desde el propio dolor, desde los miedos y las inseguridades ocultas. La literatura como ejercicio catártico y sanador ha dado grandes obras a la historia de las letras y el teatro.

restosnoche_critica1Escena de Los restos de la noche.

A la necesidad del escritor de este exorcismo y esta cura se une el placer subrepticio de exhibirse, exponerse. Lo mismo que el actor hace al encarnar su trabajo, y de forma incluso más vulnerable, puesto que el yo más soterrado, más esencial y su circunstancia –la propia locura o excentricidad, el propio genio, las crisis transitorias– son los que quedan plasmados en el papel para siempre, expuestos al juicio de los ojos lectores y de los intérpretes que, probablemente identificados y atrapados por alguno de los pliegues del alma exhibidos, se aventuran a darle voz y vida a la pieza.

Las dos últimas obras de teatro que he visto (Los restos de la noche y Líbrate de las cosas hermosas que te deseo) son un claro ejemplo de este tipo de escritura, de catarsis “personalísima”, cada una a su manera. Y hablaba al comenzar de riesgo y de peligro en estas empresas; puesto que hay una delgada línea que delimita la efectividad de escribir de uno mismo para sacar los demonios dando como resultado una pieza bella, íntima y universal, que atrape el interés del espectador y le permita identificarse, y la otra cara de la moneda: que de no encontrar el equilibrio justo o la forma clara, esto se quede en un ejercicio de onanismo literario que puede conducir al espectador a querer cortarse las venas, también para contribuir en directo a que pase finalmente algo de verdad en el espectáculo. Y en el caso de estas dos piezas que vi, ambas cabalgan sobre esa fina línea, pecando por momentos de una quizá fallida traslación de lo íntimo a lo universal, lo que a efectos formales puede traducirse en ocasionales faltas de comprensión y agilidad para el público; y en otros momentos alcanzando cotas bellas de lirismo y provocación, que atrapan –también ocasionalmente– al espectador y le permiten compartir sentimientos, llevarlos a su propio imaginario.

restosnoche_critica2Escena de Los restos de la noche.

Los restos de la noche

En el caso de Los restos de la noche, que se puede ver este mes en Nave 73, y que la compañía propone como una odisea en busca del propio yo, al tiempo que pretende transitar el complejo jardín de cuestionar el papel de la mujer en la sociedad contemporánea, por momentos peca de abundar demasiado en el drama agónico de la protagonista. Una mujer, interpretada con dedicación y esfuerzo sobresaliente (la intensidad requerida no es tontería) por Nini Dols, se nos presenta sumida en una cotidianidad que cabalga entre días vacíos de actividad y de sentido, y noches repletas de pesadillas, donde sus frustraciones se materializan en un personaje masculino (Jesús Rodríguez) que la tortura sin descanso, y, finalmente, el encuentro con su alter ego, un personaje femenino (Lucía Esteso) que encarna todo lo que ella no es y le ayuda a liberarse.

El encuentro con la mujer inyecta por fin algo de dinamismo a la trama, cuando el espectador ya está inmerso en una dinámica de sufrimiento sobre sufrimiento de la que quizás es ya demasiado tarde para despegar. La densidad del drama y la tristeza acumulada son tan pesadas como las piezas de la escenografía, así que todo momento de liviandad con risas y pequeñas esperanzas es recibido como el maná.

Se trata, en definitiva, de un ejercicio interesante y valiente por parte de la compañía Skaena 5, cuya dirección (a cargo de Tino Ramírez y Carlos B. Rodríguez) presenta algunos hallazgos y juegos simbólicos interesantes y una interpretación compacta y generosa, aunque por momentos adolece de un ritmo irregular. Y, en mi opinión, le falta una revisión dramatúrgica que aligere un poco la propuesta escénica. Seguro que Yolanda Pallín, que es uno de los grandes nombres femeninos de la dramaturgia contemporánea, es consciente de que Los restos de la noche pertenece a esa categoría de las “obras personalísimas” que por momentos está más cerca del ejercicio de catarsis personal que de la palabra al servicio de la acción.

librate_critica2Escena de Líbrate de las cosas hermosas que te deseo.

Líbrate de las cosas hermosas…

La otra obra que tuve la oportunidad de ver en la Cuarta Pared fue una propuesta ya desde su sinopsis anunciada como “arriesgado texto de María Velasco que, partiendo de una experiencia personal, se hace poesía y reflexión”: Líbrate de las cosas hermosas que te deseo. Desde esta premisa, y con un argumento que pivota sobre el eje Burgos-África, las relaciones interculturales o el neocolonialismo versus provincialismo, reconozco que tenía grandes expectativas en el espectáculo, o por lo menos me llamaba la atención en muchos aspectos.

Difícil no encontrar cosas interesantes en una propuesta muy prolífica en recursos (la dirección apuesta por el uso continuo del audiovisual, la réplica en directo de una locutora desde la mesa de mezclas, o la música en directo que ofrece un repertorio étnico-verbenero), y dotada de bellos pasajes de texto dignos de escuchar más de una vez. Y sin embargo, quizás el exceso de tanto recurso torna el espectáculo en un ejercicio un tanto barroco, donde se pierde la intencionalidad del texto, o por lo menos a mí no me acabó de llegar. Nuevamente un pulso donde la introspección y la excesiva reverberación del yo de la autora le gana la batalla al interés argumental, al foco esencial sobre el espectador como receptor del mensaje.

Nadie dijo que encontrar ese equilibrio fuera fácil. Lo interesante de estas propuestas es comprobar que hay un espacio para la expresión libre, para los géneros más diversos, incluidos aquellos más intimistas o minoritarios. Y, por supuesto, escuchar la voz de mujeres dramaturgas, un espacio donde aún queda mucha tierra por conquistar.

librate_critica1Escena de Líbrate de las cosas hermosas que te deseo.

 

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