José Antonio Alba
Jose es un espectador activo, enredado entre butacas y bambalinas, que siente la necesidad de expresarse y opinar sobre todo aquello que rodea al teatro, olvidándose de tecnicismos; su blog y su programa de radio dan fe de ello: En un entreacto

En el estanque dorado

07/04/2015 • 
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Desconozco muchos aspectos internos de cómo funcionan los acuerdos entre compañías y salas; si las subvenciones que reciben son las justas o no; y no voy a entrar en ello, porque hablaría sin conocimiento y convertiría esto en un panfleto sin demasiado fundamento, pero sí me gustaría hablar de lo que vengo observando de un tiempo a esta parte como espectador asiduo al off madrileño.

Veo que ese ‘estanque dorado’ que era el Off, del que han salido, y siguen saliendo, grandes profesionales y enriquecedores artistas que, por suerte, comienzan a resonar para el gran público, se está convirtiendo peligrosamente en un lodazal. La superpoblación, tanto de salas como de compañías, está acabando con el ecosistema tan prolífico que se había generado, y creo que es una tragedia a la que hay que ponerle remedio con urgencia.

Aunque sólo sea un espectador, me preocupa la situación del Off. En él he vivido las que podrían ser mis mejores experiencias teatrales, y me llena de rabia y tristeza ver cómo la deriva en la que se ha sumido lo está transformando en un pozo ciego al que comienza a no apetecer acercarse. Quizá tener un pie metido en este mundo hace que lo sienta como un problema propio y es lo que me hace tener ganas de gritar la situación desde aquí.

Después de haberlo visto resurgir de sus propias cenizas, de ver cómo salía a flote gracias a todos aquellos que le han dado lustre para que pudiera tener un aspecto más saludable y lo han llenado de prestigio, me provoca un terrible desasosiego ver cómo, él solito, se ha sumado a esa fea moda de las burbujas en crisis que lo desvirtúa y lo desvaloriza todo.

¿Y eso por qué? Pues porque parece que se ha ido subiendo al carro todo perro pichichi, y lo que parecía ser el ideal para la supervivencia del teatro, el balón de oxígeno que daría una nueva salida a la cultura, se ha convertido –y perdón por la expresión– en el “coño de la Bernarda”. Parece que todo el mundo ha visto en esto del Off a la gallina de los huevos de oro, y eso que aquí no se enriquece nadie… Y ha llegado un momento que aparece –por no decir “Surge”, que me sale urticaria– un batallón de compañías desesperadamente hambrientas, que sienten la necesidad de hallar un hueco en el escaparate del Off, creyéndolo el remedio para cualquiera de sus males, y cayendo en la trampa del “todo vale”.

Malo, malo…

Como espectador, de repente he comenzado a notar cierto descuido: funciones hechas de cualquier manera, muy cercanas a lo amateur, disfrazadas de un nuevo concepto de teatro de “supervivencia” que no hay quien se lo trague, llenando el panorama Off de una mediocridad tal que vuelve a tirar por los suelos algo que comenzaba a ser un estupendo vivero de artistas emergentes. Pero no sólo pasa con las compañías; sucede algo similar con los espacios escénicos que crecen por Madrid como champiñones. Cualquier sitio donde quepan 20 banquetas es un lugar ideal para hacer teatro, y eso tampoco es… Bueno, sí es, cualquier espacio puede ser el indicado para representar una historia, pero con ciertas condiciones y algo de mesura. No podemos dejar que se caiga en la masificación y la precariedad y que cada sala, como es “minoritaria” y necesita mantenerse, tenga una programación de 8 espectáculos a la semana, sin atender a la calidad y al cuidado de lo que programan. Y eso, nos guste admitirlo o no, está pasando.

Todo el mundo sabe que adoro el teatro, se haga donde se haga, y apoyo abiertamente a esas compañías y salas que emergen hasta donde sea necesario, y ansío volver a recuperar el esplendor de ese estanque dorado en el que se había convertido este movimiento. Pero me alarma ver que las compañías y las salas comienzan a quitarse el pan de la boca unas a otras. Por mucho que se autoengañen, no hay público para tanto, porque aún no se ha conseguido llamar la atención de espectadores suficientes como para alimentar tanta oferta… ¡y todos lo sabemos!

Ante el desconocimiento, el público prefiere una butaca acolchada del Fernán Gómez, o si quiere sentirse “alternativillo” por un día, acercarse al Off del Lara, sea lo que sea lo que programen, antes que ir a sentarse en una banqueta de cualquier salita oculta por Madrid.

Yo sé que la situación no es nada fácil, y que está haciendo saltar las alarmas dentro del propio sector. Algunos ya se han puesto manos a la obra en busca de soluciones para encontrar alternativas y poner orden en este caos que se está generando. Ojalá no se quede todo ahí, porque parece que la situación no duele tanto como para que transcienda más allá de los muros de Facebook

Es triste y muy desagradable decirlo, pero si en vez de dedicar el tiempo al postureo por las redes sociales, hubiera más dedicación a luchar por tener unas buenas condiciones laborales, a no consentir que se vulneren ciertos derechos y a cultivar espectadores (y hablo tanto de salas que presuponen que las compañías arrastran sus propios espectadores, como de compañías que atosigan a sus amigos (virtuales o no) para que llenen sus funciones), seguro que nos luciría más el pelo. Lo mismo me equivoco con esta apreciación, pero ésa es la imagen que se ve desde fuera…

Parece que la tan suculenta tarta que parecía ser el Off no tiene porciones suficientes para tanto invitado como se le ha sumado, y más de dos y de tres morirán de inanición. Lo terrible es la cantidad de ilusiones, de buenos artistas y futuros espectadores que se van a perder por el camino ante semejante descontrol.

Volviendo al símil que da título a este artículo, nadie se debería conformar con los poquitos que ya estamos. Somos un minúsculo trozo de pan para alimentar tanta carpa boqueante y hambrienta como se ha metido en este estanque…

Da mucho qué pensar, ¿verdad?

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