Animales burlones

CRÍTICA DE La Meute

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Una manada de seis acróbatas irrumpen en la pista del Price con total naturalidad y entrega. Apenas cubiertos por toallas blancas, no desaparecen jamás de la escena, controlando luz y sonido a la vista del público, y manteniendo de principio a fin un gran dinamismo y una complicidad transparente con los espectadores.

La Meute (‘jauría’, ‘manada’ en francés) inauguran en el Price las Miradas de circo de esta primavera. Un extraño grupo de animales humanos capaces de trenzar con increíble naturalidad la invención de difíciles números circenses con los mil vaivenes burlones que ligan y llevan el espectáculo en volandas.

Entre esos extremos de la excelencia acrobática y la ironía juguetona surgen y se disuelven números de salto, de equilibrio, de bicicleta, de columpio francés… bañados por una música arabesca (en la línea de la imagen de sauna sugerida), que también acaba siendo objeto de burla.

Nada ocurre como uno lo espera: de la simple sugerencia se pasa al más difícil todavía, del fallo tolerado al ejercicio inesperado, en un caos absurdo perfectamente coreografiado.

La Meute saca así partido a todos los elementos que propone, sin pausa y sin exceso, fieles a las contradicciones de esa manada burlona. Al final, la risa acaba mezclada con el riesgo más puro, jugando con los extremos emocionales del espectador (esto es: encantándole). Por eso, al final, artistas y público aplauden juntos por los vaivenes, sonrisas y peligros compartidos.

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